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CRISTINA KIRCHNER Y MAURICIO MACRI, DOS GRANDES IMPOSTORES

PorRicardo O. Romano

Nov 23, 2022


La política argentina parece marcada a fuego por estos dos grandes impostores. Mientras la oposición se deslumbra acariciando un probable triunfo, Cristina se apura a sacar los pies del plato disfrazándose de opositora.

El premio nobel de literatura Rudyard Kipling decía que el triunfo y la derrota pueden ser unos grandes impostores porque es fácil estar comprometido cuando las cosas están bien, pero también es muy fácil abandonar cuando van mal. Por eso el poeta nos recomienda mantener la misma templanza ante los fracasos que ante los triunfos, pues ambos tienen una gran capacidad de deslumbrarnos.

La política argentina parece marcada a fuego por estos dos grandes impostores. Mientras la oposición se deslumbra acariciando un probable triunfo poniendo en riesgo la unidad necesaria para lograrlo, Cristina, como fiel representante de un oficialismo que se desarma de a poco, se apura a sacar los pies del plato disfrazándose de opositora.

En el contexto actual de la política a nivel internacional, los partidos políticos pierden importancia frente a las figuras de los candidatos. Esto hace que la política se desideologice y deje de identificarse con proyectos para buscar salvadores adentro y sobre todo por fuera del sistema político. Cristina percibe esto y por eso se disfraza de opositora de su propio candidato. Pero en su último discurso también muestra intuir que la popularidad no basta para conseguir los votos necesarios, y que debe construir una imagen política que logre adhesión la de los electores.

Cristina Kirchner.

Como sabe que la política argentina acompaña este proceso de farandulización y mediatización de la política que se produce en el mundo, la vicepresidente no duda, en el último tiempo en dar bruscos giros ideológicos que al corazón del kirchnerismo debería producirles rechazo aunque es probable que no lo hagan. Así se entienden sus declaraciones a favor de Massa o en términos de las políticas de seguridad pegándole al ahora albertista Aníbal Fernández.

Sin embargo, las esperanzas de CFK parecen ser un estímulo contenedor que pueda mantener vivo a su núcleo duro, que no necesitaría sin que estamos notando que tiene a diario más dudas que certezas, pero difícilmente pueda mostrarse como opositora cuando más de la mitad del gobierno está en manos del kirchnerismo. En esta lógica que se repartió el gobierno antes de comenzar, como en un acuerdo prenupcial, al momento de asistir a la disolución del frente, pretenden quedarse con sus partes sin hacerse responsables del desastre que dejan atrás.

Lo cierto es que también es evidente que tampoco está en retirada el kirchnerismo del gobierno, dado que sigue ocupando un rol central en la asignación de partidas. En un contexto de crisis generalizada, organismos claves como Anses, PAMI, Aerolíneas Argentinas, Enarsa, Correo Argentino, lejos de sufrir recortes, muchos incluso tendrán aumentos que superan la inflación promedio prevista.

Estos organismos están controlados por el kirchnerismo, con La Cámpora, agrupación del riñón de Cristina, a la cabeza. El Anses, conducido por Fernanda Raverta, contará con un presupuesto de 13 billones de pesos. En el PAMI, Luana Volnovich, destinará 18,6 billones de pesos a servicios sociales, lo que representa el 64,3 por ciento del Presupuesto para el año próximo. Enarsa, empresa clave en la energía nacional, a cargo del también kirchnerista Agustín Gerez, recibirá una asignación de $925.019 millones. Correo Argentino (a cargo de Vanesa Piesciorovski), tiene asignados $31.300 millones del Tesoro. Al igual que Aerolíneas es una máquina de producir déficit, el primer semestre de este año el Correo ya llevaba en rojo 8 millones de dólares. Queda claro entonces que las principales cajas del Estado las maneja la vicepresidenta. Así, pese a que el presidente Alberto Fernández maneje los ministerios, en términos presupuestarios la manija la tienen la Cámpora y Cristina. A esto debemos sumarle el manejo de la provincia de buenos aires con su alfil Axel Kicillof.

Mauricio Macri

Mauricio Macri por su parte juega la misma estrategia de construir a partir de su gente haciendo guiños hacia afuera para ganarse de a poco a quienes no pueden fidelizar ni Horacio Rodríguez Larreta ni Patricia Bullrich.

Ninguno de los dos puede enamorar plenamente al electorado que espera en busca de soluciones. Mauricio comenzó con una estrategia de campaña presidencial de sacarse fotos respaldando a algunos alfiles leales en distintos distritos. Algunos de los cercanos a Mauricio sostienen que hay una diferencia abismal entre quienes se disputan la candidatura abiertamente (Patricia y Horacio) y Mauricio. En el paciente silencio de este último se nota una visión estratégica de quien conoce los vericuetos del poder y sabe ejercerlo disimuladamente. Todo lo que ven es muy elogioso y hasta cierto en algún punto, pero lo que no es menos cierto es que, pese a todo, las encuestas no ayudan a Mauricio. El expresidente sigue con una imagen negativa grande y el avance de los libertarios comienza a preocupar a todo el sector de la oposición

El deterioro a ambos lados de la grieta y la necesidad de tensar el discurso político hacia la centro derecha abren la posibilidad del crecimiento del discurso anticasta, antiparásitos, antiestado en el que un Milei se mueve con más soltura que el resto del sistema político.

Un país en campaña moralmente vergonzosa

La división del electorado podría significar una herida importante para los “halcones” frente a los moderados de Juntos. Esto favorece a Larreta porque él puede señalar con mayor entereza que el futuro será con más deterioro inflacionario, de mayor inseguridad y con un necesario ajuste.

Sin embargo, esta perspectiva sumada al hecho de que el empleo es cada vez más precario y que la falta de divisas dificulta la intervención argentina en la economía global, alimenta los discursos que alientan a patear el tablero. En este contexto en que la discusión se vuelve más ideológica y radical, el dialogismo de Larreta siempre tiende a dejarlo un tanto deslucido o interpretando un papel de radicalizado que siempre se le nota muy ajeno y sobreactuado.

«Un Pueblo que elige corruptos, impostores, ladrones y traidores, no es víctima sino cómplice» George Orwell.

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